Veleidades

La concatenación del adjetivo con la cuadratura del círculo, implementada desde el titilar verdicansino del zozobrar ignífugo de la tercera vértebra dorsal, desenmascara el pelaje transversal pero nunca conspicuo de la contrafrecuencia con que se decanta el do de pecho hacia la fungibilidad del tremor, tan acusado, del cuarto no necesariamente oscuro, ni de espadas, pero sí menguante.
Es entonces cuando, constreñida hasta el límite último de su pequeñez, la frecuencia, no continua del todo pero tampoco (y en ausencia de resolución precisa) discontinua o carente por completo de armonía, se enroca en veleidades de a las tantas ― o menos, a ojo de buey ― que, para usufructo de los descontentos proclamando a los cuatro vientos (y un retal de vientecillo remolón, que se desestimó) que los altavoces anunciaron iban a ser puntuales, se presentaron sin aviso previo ni (por añadidura) un mínimo de cautela de muy buena mañana y desentendidas por completo y sin rubor de si era de autos, o de abril, o de tormenta…

Un comentario en “Veleidades”

  1. Las otras no sé, pero puedo asegurar que yo no era. Recuerdo un sol radiante y, por si ello pudiera arrojar más luz que la que (ya digo) prodigaba generoso el astro rey, corría un vientecillo que aun remolón (que sí, es cierto y ahí estaba) era muy, pero que muy de agradecer.

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