Imprudente sensación

Discurriendo, así, a buen paso, y sin pararse a bruñir qué pudiera concitar el alegre balbucir de los blancos aledaños de la orquídea sesteante en brazos de los resortes oscuros de un pedigrí carmesí y más bronco, incluso, que la incuria en que se vieran sumidos los pasamanos de escaleras a desvanes o, en su intelecto, los trasgos que deambulantes disipan las deudas de los tiranos; trascurría, entre sargazos, la imprudente sensación de haber desgajado el don que adornara el estertor cuellilargo y retozón del eslabón de la flor pendiente del aldabón que del sueño la arrancó.
‒ ¡Si te hubieras avenido! ― se musitó, consternada, y teniendo para sí que en torrente o en desliz no sería ni en punto hora ni en presagio azul o gris ni, en sensación, salvadora.

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