Peregrinos del azar

Si caminas, me dijo, en línea recta regresarás al punto en que partiste, por la mitad de la línea que separa el sí del no, el tiempo pasado desde que olvidaste y el transcurrido hasta que volviste a recordar cómo sería el perfil de un futuro que, si llegaba, sería disfrazado de pretérito, sí, pero tan pluscuamperfecto y – por ir precisando – de subjuntivo que por más que quisieras reconocerlo lo confundirías, como ya sucediera en tantas ocasiones, con el ir y venir de las olas o, si te sorprendía desgranando las cuentas del collar que te obstinabas en llamar “de perlas” aun sabiendo, como muy bien sabías, que eran sólo abalorios de muy poco valor, con el traer y llevar ― a sus espaldas ― de recados y otros enseres los peregrinos del azar y, en tal caso, desnortado y perdido el oriente, se precipitaría, como loco, a buscarse sin pararse a recapacitar que, en su atolondramiento y en sus prisas, estaría obviando, ignorando, pisoteando aquella característica tan inconfundible, única y tan suya, que tan pronto puede hacerlo ser aguardado con temor como con alborozo y… entonces, entonces aun no queriendo reconocerlo entenderás que no podrías confundirlo aunque quisieras, que es el punto desde el que partiste, por la mitad de la línea que separa el sí del no, el tiempo pasado desde que olvidaste y el transcurrido hasta que volviste a recordar cómo sería el perfil de un futuro que, si llegaba, sería disfrazado de pretérito, sí, pero tan pluscuamperfecto y – por ir precisando – de subjuntivo que por más que quisieras reconocerlo lo confundirías, como ya sucediera en tantas ocasiones, con el ir y venir de las olas o, si te sorprendía desgranando las cuentas del collar que te obstinabas en llamar “de perlas” aun sabiendo, como muy bien sabías, que eran sólo abalorios de muy poco valor, con el traer y llevar ― a sus espaldas ― de recados y otros enseres los peregrinos del azar y, en tal caso, desnortado y perdido el oriente, se precipitaría, como loco, a buscarse sin pararse a recapacitar que, en su atolondramiento y en sus prisas, estaría obviando, ignorando, pisoteando aquella característica tan inconfundible, única y tan suya, que tan pronto puede hacerlo ser aguardado con temor como con alborozo y… entonces, entonces aun no queriendo reconocerlo entenderás que no podrías confundirlo aunque quisieras.

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