Espiga

Despertaron a deshora de un dormitar que a trasmano disparaba las alarmas sobre saltos de caballos de ajedreces dando jaques a reyes amedrentados por la altivez de qué damas que reinas de corazones en pasiones atrapados latían a ritmo de lentos eslabones enlazados entre cruces de caminos discurriendo pensativos, confusos, atribulados, embozados en las veces que tantas voces gritaron en gargantas y torrentes y desfilar de rosadas texturas de piel de seda sedienta de ser rozada por la caricia de un viento que fresco por la mañana tomase puerta y por tanto, por más ni menos que un trino resonando en la de  pájaro, fuera a romper el hechizo de mil pesares pensados al abrigo de un insomnio velado por el quebranto del espanto que causara el no saber no ser heno, ni violento, ni alocado, sino sí tan sólo espiga que al rugir de la tormenta y los rigores que el tiempo a su paso va dejando se mantuviera serena, erguida, la frente en alto.